{"id":29482,"date":"2024-02-26T14:10:04","date_gmt":"2024-02-26T14:10:04","guid":{"rendered":"https:\/\/themexicopost.com\/?p=29482"},"modified":"2024-02-26T14:10:05","modified_gmt":"2024-02-26T14:10:05","slug":"heridas-abiertas-en-el-corazon-del-mundo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/themexicopost.com\/?p=29482","title":{"rendered":"HERIDAS ABIERTAS EN EL CORAZ\u00d3N DEL MUNDO"},"content":{"rendered":"\n<figure class=\"wp-block-pullquote\"><blockquote><p><strong>Por V\u00edctor Corcoba Herrero<\/strong><\/p><\/blockquote><\/figure>\n\n\n\n<p class=\"has-drop-cap\">Estamos ciegos. No sabemos a\u00fan escucharnos, ni tampoco entendernos. Cada d\u00eda son m\u00e1s dif\u00edciles expedir las recetas, con sus f\u00f3rmulas magistrales, ante la multitud de golpes que las criaturas, m\u00e1s enloquecidas que pensantes, nos damos entre s\u00ed. El uso de la fuerza y del poder est\u00e1 m\u00e1s vivo que nunca. As\u00ed, cualquier controversia que pueda surgir, en vez de resolverla por medios pac\u00edficos conciliadores, como puede ser la mediaci\u00f3n o el arbitraje, lo basamos todo en las absurdas batallas que nos despedazan el coraz\u00f3n. El caos es tremendo, los da\u00f1os en las infraestructuras grav\u00edsimas y el peligro total. Para nada me gusta esta atm\u00f3sfera de crueldades, que alimenta el desorden y alienta la inestabilidad, dej\u00e1ndonos tras de s\u00ed una escalada de inseguridad manifiesta, con amplias repercusiones en el orbe. A mi juicio, son tan fuertes las llagas, que deber\u00edamos poner fin a las guerras e inaugurar un futuro de esperanza.<br><\/p>\n\n\n\n<p>Hay muchas desconfianzas. Puede que fiarse de lleno sea desquiciado, pero no delegar en nadie es asimismo una hipocondriaca necedad. Quiz\u00e1s tengamos que despertar, para ponernos en sanaci\u00f3n y poder despojarnos del malestar social, que nos tritura el sentido fraterno. No hay otro modo, que entrar en sinton\u00eda con los o\u00eddos abiertos para no perder ripio y poder hablar con la mirada aut\u00e9ntica, tras ver las crecientes necesidades humanitarias. El colapso socio-econ\u00f3mico, nos est\u00e1 deshumanizando. Frente a este inmenso sufrimiento, tanto espiritual como f\u00edsico, se requieren hospitales de acogida, familias dispuestas a reinventar hogares de concordia, ciudadanos con deseos de conferirse y hacer el bien. En cualquier caso, nadie puede sentirse extra\u00f1o en un mundo que es de todos y de nadie en particular, debe serlo, promoviendo ese mosaico de abrazos francos, que contribuir\u00e1 a una relaci\u00f3n asistida y resistente a los dramas vividos o hacia aquellos que a\u00fan nos queden por vivir.<br><\/p>\n\n\n\n<p>Esto lleva a quien contempla, con los sentidos abiertos y la mente en pura conjunci\u00f3n de latidos, a que se haga posible la grandeza del encuentro, cuesti\u00f3n que nos permite en lugar de juzgarnos; querernos mucho m\u00e1s, sembrar concordia y unidad. Ninguna guerra tiene sentido, pues. Pasemos p\u00e1gina. El mundo no puede cohabitar ni organizarse como un estado salvaje, sino como un espacio de libertad, donde de punta a punta tengamos cabida. Dejemos ya de saquearnos unos a otros. La llamada a quererse para poder amar interpela radicalmente nuestro tiempo, tan proclive a la epidemia indignante de la pasividad, a veces sobre la base de la desinformaci\u00f3n, que suele falsificar e instrumentalizar la verdad. Sea como fuere, la seducci\u00f3n est\u00e1 ah\u00ed, en nosotros mismos, y entre todos tenemos que contribuir a la apertura de nuevos senderos que permitan el di\u00e1logo y la enmienda permanente, all\u00ed donde el odio y la enemistad causan estragos.<br><\/p>\n\n\n\n<p>Ciertamente, del principio al fin tenemos nuestro propio itinerario viviente; y, aunque veamos que multitud de cuestiones honestas se derrumban, el desconcierto debe hacernos repensar sobre las causas y los motivos. Al igual que no en todos los d\u00edas de la vida resplandece el sol, tenemos que tener el valor y la val\u00eda suficiente de percibirnos para transformar las entretelas. El mal est\u00e1 ah\u00ed, en cualquier esquina, en nosotros mismos. No caigamos en la rutina de la maldad, tampoco nos acostumbremos a convivir con los violentos males que nos solapan nuestra propia identidad de gentes de provecho y de bondad. Preveng\u00e1monos del virus. El individuo valeroso siempre encuentra motivo para reconocerse a s\u00ed mismo como parte del problema, pues lo m\u00e1s f\u00e1cil siempre es achacar las inmoralidades e injusticias a los dem\u00e1s. Desde luego, los labios maldicientes son el indicio de muchos pesares. Al fin y al cabo, los bienes son para las gentes que saben compartirlos y, por ende, disfrutarlos en familia.<br><\/p>\n\n\n\n<p>Sin embargo, como nos consta en nuestro interior, el mundo ha sido creado para ser custodiado por nosotros sanamente y recrearnos en su don saludable. Necesitamos, entonces, sumar posibilidades vitales. El ser humano, cultivando con amor esta comuni\u00f3n providencial, ha de convertirse en un poeta de acci\u00f3n. Indudablemente, es la m\u00edstica po\u00e9tica social, la que nos llena el vac\u00edo interior del aislamiento. Adem\u00e1s, no olvidemos jam\u00e1s, que todas las heridas cicatrizan. Sin duda, las que mejor sabor de boca dejan, son aquellas batallas que se han evitado. Porque, en efecto, una persona que quiere represalia guarda todas sus lesiones abiertas. No considera, para desgracia de s\u00ed mismo y de todos, que una vida robustamente vivida, pasa por generar quietud en cada paso. Seguramente, el \u00fanico manjar que necesitemos llevarnos siempre consigo, resida en el propio br\u00edo donante, que es lo que injerta gozo a trav\u00e9s de su f\u00f3rmula contemplativa eterna, de vivir y de dejar vivir enterneci\u00e9ndonos.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por V\u00edctor Corcoba Herrero Estamos ciegos. No sabemos a\u00fan escucharnos, ni tampoco entendernos. 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