{"id":66404,"date":"2025-08-27T08:12:46","date_gmt":"2025-08-27T14:12:46","guid":{"rendered":"https:\/\/themexicopost.com\/?p=66404"},"modified":"2025-08-27T08:12:48","modified_gmt":"2025-08-27T14:12:48","slug":"algo-mas-que-palabras","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/themexicopost.com\/?p=66404","title":{"rendered":"ALGO M\u00c1S QUE PALABRAS"},"content":{"rendered":"\n<figure class=\"wp-block-pullquote\"><blockquote><p><strong>Por V\u00edctor Corcoba Herrero<\/strong><br>\u201cLa paz no es una utop\u00eda espiritual; es una senda humilde a la que todos tenemos que volcarnos, realizada con gestos cotidianos que enlazan sue\u00f1os para hacerlos realidad, entrelazando paciencia y esfuerzo; sin obviar, que tras el vivir y el imaginar, est\u00e1 lo que nos hermana, el amor\u201d.<\/p><\/blockquote><\/figure>\n\n\n\n<p class=\"has-drop-cap\">El INEGI present\u00f3 recientemente los nuevos resultados de pobreza multidimensional en M\u00e9xico correspondientes al periodo 2022 a 2024. Las cifras, a primera vista, parecen alentadoras: se reporta que 8.3 millones de personas dejaron de estar en situaci\u00f3n de pobreza multidimensional, lo que implica una reducci\u00f3n de 46.8 a 38.5 millones de personas a nivel nacional. El discurso oficial no tard\u00f3 en proclamar el dato como un logro hist\u00f3rico, prueba de la eficacia de los programas sociales. Pero como suele ocurrir, las cifras lucen\u2026 aunque no necesariamente significan lo que se dice.<br><\/p>\n\n\n\n<p>Nuestro propio camino, as\u00ed como nuestro m\u00edstico considerar, est\u00e1 desbordado; lleva consigo profundas cicatrices de enfrentamientos, tremendas desigualdades inhumanas que nos deshumanizan por completo y nos degradan an\u00edmicamente.<br><\/p>\n\n\n\n<p>Sin embargo, los lamentos tampoco sirven para nada, es el momento de la reacci\u00f3n a esta acci\u00f3n indiferente en muchos \u00e1mbitos. Desde luego, la desconexi\u00f3n social, dificulta un hacer reconciliador para poder pasar del conflicto a la comuni\u00f3n, y, as\u00ed, poder enfrentar la desuni\u00f3n con valent\u00eda, la pasividad con compasi\u00f3n y llevar el acompa\u00f1amiento all\u00e1 donde hay angustia.<br><\/p>\n\n\n\n<p>En efecto, la primera obligaci\u00f3n es estar ah\u00ed (hoy por ti, ma\u00f1ana por m\u00ed), prestando asistencia humanitaria a nuestros semejantes.<br><\/p>\n\n\n\n<p>L\u00f3gicamente, es un crimen de guerra utilizar el agotamiento y la debilidad como m\u00e9todo de combate. Despertemos, pues, y pong\u00e1monos a trabajar por la concordia, hasta que florezcan los horizontes como un jard\u00edn de esperanza.<br><\/p>\n\n\n\n<p>Jam\u00e1s olvidemos que la vida es una batallar continuo, no un cruzarse de brazos. En consecuencia, otro de los compromisos es el de la escucha. Esto significa prestar o\u00eddos, dejarnos llevar al desierto y ver ahora lo que puede nacer de las ruinas, donde hay tanta congoja de inocentes.<br><\/p>\n\n\n\n<p>La paz no es una utop\u00eda espiritual; es una senda humilde a la que todos tenemos que volcarnos, realizada con gestos cotidianos que enlazan sue\u00f1os para hacerlos realidad, entrelazando paciencia y esfuerzo; sin obviar, que tras el vivir y el imaginar, est\u00e1 lo que nos hermana, el amor.<br><\/p>\n\n\n\n<p>Amar es nuestro principal cometido, pero no puede hacerse, si antes uno no se ama a s\u00ed mismo. Adem\u00e1s, \u00fanicamente aquella existencia ofrecida a los dem\u00e1s merece la pena ser vivida. Activemos, por consiguiente, el tiempo del encuentro, sin encontronazos que nos distancien. Tampoco se pueden negar las voces de los an\u00e1logos, porque ser\u00eda renunciar a entendernos.<br><\/p>\n\n\n\n<p>Sin duda, los desaf\u00edos a los que se enfrenta la humanidad ser\u00e1n menos aterradores, si juntos trabajamos la comprensi\u00f3n y la haza\u00f1a conjunta, de modo fraterno y solidario, para que los avances diplom\u00e1ticos se hagan realmente, tanto efectivos como afectivos. Un sistema que margina y es incapaz de ofrecer activamente sus talentos a la sociedad, falta a sus lazos para con esa ciudadan\u00eda.<br><\/p>\n\n\n\n<p>La irresponsabilidad es manifiesta, a poco que nos adentremos en el acontecer diario y lleguemos al alma de nuestro planeta. El af\u00e1n destructivo est\u00e1 ah\u00ed, en cualquier esquina, con multitud de operaciones encubiertas y tensiones sectarias.<br><\/p>\n\n\n\n<p>Nos falta coraz\u00f3n y nos sobra mundanidad operativa interesada. Por eso, es vital que los l\u00edderes se reafirmen en abecedarios aut\u00e9nticos de servicio, sintiendo la com\u00fan exigencia por la creaci\u00f3n, y todo lo que ello conlleva en la promoci\u00f3n de la defensa de la tierra, del agua y del aire.<br><\/p>\n\n\n\n<p>Si falla la relaci\u00f3n natural, con su esp\u00edritu m\u00edstico, todo queda reducido a una posesi\u00f3n ego\u00edsta y, nuestra propia vida, se reduce a una carrera afanosa por tener lo m\u00e1s posible, en lugar de compartir, para que todos podamos vivir dignamente.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por V\u00edctor Corcoba Herrero\u201cLa paz no es una utop\u00eda espiritual; es una senda humilde a la que todos tenemos que volcarnos, realizada con gestos cotidianos que enlazan sue\u00f1os para hacerlos realidad, entrelazando paciencia y esfuerzo; sin obviar, que tras el vivir y el imaginar, est\u00e1 lo que nos hermana, el amor\u201d. 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