La agenda estuvo marcada principalmente por cuestiones económicas, en particular por los aranceles impuestos por Washington a productos brasileños.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y su homólogo brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, rebajaron las tensiones entre ambos países sobre una amplia variedad de asuntos, como los aranceles, la guerra en Irán o la situación de Jair Bolsonaro, durante una reunión en la Casa Blanca que se prolongó mucho más de lo previsto.
“La reunión fue muy bien”, resumió Trump, de 79 años, en su cuenta de Truth Social, donde calificó a Lula, de 80, como un “presidente dinámico”.
El encuentro, que se alargó durante unas tres horas e incluyó un almuerzo, superó ampliamente la hora y veinte minutos inicialmente prevista.
Ambos gobiernos acordaron que sus equipos volverán a reunirse en un plazo de treinta días para avanzar en la negociación sobre aranceles.
Lula afirmó, en una posterior rueda de prensa en la embajada de Brasil en Washington, que abandona la capital estadounidense convencido de que se dio “un paso importante en la relación” bilateral.
“La buena relación es una demostración al mundo de que las dos mayores democracias del continente pueden servir de ejemplo”, declaró Lula, quien describió un ambiente distendido e incluso dijo que hubo varias bromas entre ambos.
Se trató del primer encuentro de ambos jefes de Estado en la Casa Blanca y tuvo lugar tras varias fricciones recientes, motivadas por las críticas de Lula a la política exterior estadounidense, incluida la operación contra Nicolás Maduro en Venezuela, el embargo a Cuba y la guerra en Irán, que, según advirtió, podría afectar el suministro de fertilizantes en Brasil por un eventual bloqueo del estrecho de Ormuz.
El mandatario brasileño señaló que, según entendió a través del traductor, Trump le aseguró que no tiene intención de invadir Cuba.
Así mismo, Lula reiteró su condena a la guerra en Irán y propuso como referencia el acuerdo nuclear alcanzado en 2010 entre Brasil, Turquía y la República Islámica, previo al firmado en 2015 durante la presidencia de Barack Obama y del que Estados Unidos se retiró posteriormente bajo el mandato de Trump.
La agenda estuvo marcada principalmente por cuestiones económicas, en particular por los aranceles impuestos por Washington a productos brasileños y por las investigaciones abiertas sobre supuestas prácticas comerciales desleales de Brasil.
No obstante, Lula aseguró que no se abordó el uso del sistema de pagos instantáneos Pix, desarrollado por el Banco Central brasileño, pese a que Estados Unidos lo considera perjudicial para empresas como Visa y Mastercard.
Ambos líderes también trataron la cooperación en la lucha contra el crimen internacional.









