Por: Enrique Campos Suárez
¿Puede Estados Unidos exigir a México que deje de apoyar con petróleo a la impresentable dictadura cubana y este gobierno acceder?
Sí, siempre y cuando quede claro ante la opinión pública nacional que se trata de una decisión soberana, así como hay que defender que uno de los criminales más buscados por el FBI en México fue a entregarse voluntariamente a una embajada que tiene tres meses que cerró.
Pero, más que una presión negada desde Washington, lo que pesa más entre los mexicanos es que Pemex acepte que ha enviado petróleo a Cuba por más de 8,600 millones de pesos que bien podrían ayudar a cubrir muchas carencias sociales en el país.
Y como ya se convirtió en tema de la opinión pública, pues llegó el momento de redirigir la estrategia. Tanto como lo tendrá que hacer el populista más poderoso del mundo.
Porque, mientras Donald Trump está convertido en el policía global capturando dictadores en Venezuela y en el conquistador de los territorios helados del Ártico, los consumidores de su país solo tienen ojos para sus crecientes costos de vida.
La frustración de los estadounidenses no tiene que ver con que Dinamarca diga que no a vender Groenlandia, sino con el incremento en los precios de los abarrotes, de la electricidad y de sus gastos médicos.
Además, se dan cuenta de que los empleadores tienen miedo de contratar, porque empresarios y consumidores no descartan que lo que sigue es una recesión.
Ahí están los números: el índice de confianza del consumidor que elabora The Conference Board dejó ver en su lectura de este mes una caída de 9.7 puntos hasta los 84.5 unidades, su nivel más bajo desde el 2014. Niveles más bajos que en la pandemia.
Los efectos de los aranceles, el eventual nuevo cierre del gobierno federal este fin de semana, los altos costos de los créditos hipotecarios; todas razones tangibles que chocan con la promesa de Trump de regresar la grandeza y la bonanza a su país.
Y como seguramente hoy la Reserva Federal decidirá que no baja, por ahora, la tasa de interés de referencia, como lo estima 95% del mercado, seguro se va a desatar la furia de Donald Trump contra Jerome Powell quien está a cuatro meses de dejar la titularidad de la Reserva Federal.
Evidentemente que la relación con México es directa. Si los consumidores no tienen confianza, no compran; si no gastan, este país exporta menos.
Las exportaciones mexicanas han mantenido la resiliencia en una economía que esta semana conoceremos que se mantiene estancada. Por eso es importante que, si el mercado estadounidense pasa por un periodo de desconfianza, no hay que poner en riesgo los frágiles vínculos con el gobierno republicano apachando dictaduras.
Al final, para los intereses de México la soberanía debe alinearse con los intereses de la gente, no de los caprichos ideológicos que se empeñan en financiar la supervivencia de un régimen caduco con recursos que no nos sobran.
Además, México no puede permitirse esas distracciones cuando el motor del consumo de nuestro principal socio comercial empieza a dar muestras de perder impulso.
La frustración de los estadounidenses no tiene que ver con que Dinamarca diga que no a vender Groenlandia, sino con el aumento en los precios de los abarrotes, electricidad y gastos médicos.









