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-Las deudas que no han sido canceladas por los miembros ascienden a unos 2.200 millones de dólares.

La Organización de Naciones Unidas (ONU) enfrenta el riesgo de un colapso financiero inminente, según afirmó el secretario de ese organismo, António Guterres, y podría quedarse sin dinero en julio.

Las deudas que no han sido canceladas por los miembros ascienden a unos 2.200 millones de dólares, de los cuales 95% corresponde a impagos de Estados Unidos.

De acuerdo a los cálculos, de no ocurrir un desembolso, en agosto habría que cerrar la sede de Nueva York y se tendría que suspender la Asamblea General de la ONU, prevista para septiembre.

Guterres reclamó en una carta a los países miembros de Naciones Unidas la necesidad de actuaciones urgentes para evitar la paralización de actividades clave a partir de junio, ante el agravamiento de la situación financiera del organismo.

Según detalló la agencia alemana DPA, la deuda acumulada de los Estados asciende actualmente a 1.570 millones de dólares, una cifra sin precedentes que amenaza la continuidad de programas esenciales y compromete el funcionamiento institucional de la organización.

De acuerdo con DPA, el secretario general de la ONU, António Guterres, advirtió que la organización enfrenta un colapso financiero inminente.

A través de dicha misiva, remitida a los 193 Estados que conforman la ONU, solicitó que los gobiernos se pongan al día con sus aportes o consideren una reforma de las normas de financiación que rigen el organismo.

Este llamado responde al grave deterioro de la solvencia de Naciones Unidas, que enfrenta la posibilidad de no poder ejecutar ni mantener en funcionamiento sus actividades principales después de junio si no se produce un cambio en las condiciones financieras actuales.

La carta expuso que el creciente endeudamiento impacta directamente en la viabilidad de los programas, en la continuidad de proyectos humanitarios y en la estabilidad operativa de la organización.

Guterres expresó que el déficit presupuestario ha alcanzado un máximo histórico, limitando la respuesta de la ONU en situaciones de crisis y comprometiendo la asistencia directa a poblaciones vulnerables. Entre los países con mayor deuda figuran Estados Unidos, China, Rusia, Venezuela, Brasil, Argentina, México e Irán, según consignó la agencia DPA.

Estados Unidos es el principal deudor y, de acuerdo con la información del medio, ha implementado recortes considerables a la financiación voluntaria de diversas agencias de Naciones Unidas.

Esto ha debilitado especialmente la capacidad de acción en áreas de ayuda humanitaria y desarrollo, agravando la situación de múltiples misiones sobre el terreno.

La reducción de fondos estadounidenses ha influido en la viabilidad de numerosos programas de asistencia internacional, puesto que las contribuciones voluntarias, complementarias a las cuotas obligatorias, resultan fundamentales para el cumplimiento de los objetivos de la ONU.

La Administración encabezada por Donald Trump fue la responsable de gran parte de estos recortes, sustentando su decisión en cuestionamientos sobre el papel e impacto del organismo internacional. Como parte de sus políticas recientes hacia la organización, la actual Administración estadounidense ha impulsado la creación de una Junta de Paz, mecanismo que pretende administrar el proceso de paz en la Franja de Gaza.

Dicha maniobra ha generado debates y controversias dentro de la comunidad internacional, puesto que sectores críticos atribuyen la iniciativa a un intento de redefinir la intervención y la supervisión del conflicto por parte de Estados Unidos.

Guterres instó a una solución inmediata, advirtiendo en la carta referida por DPA que la ONU podría enfrentarse a la suspensión de sus actividades principales si la crisis presupuestaria persiste.

Además del llamado al pago urgente de cuotas atrasadas, el secretario general propuso considerar reformas estructurales en el sistema de financiamiento del organismo, buscando prevenir crisis similares en el futuro.

El diagnóstico financiero presentado por la ONU expresa preocupación ante la continuidad operativa de sus agencias, la ejecución de mandatos en contextos críticos y la capacidad para responder a emergencias humanitarias.

El contexto actual expuesto en la carta de Guterres retrata una situación en la que la falta de liquidez condiciona la agenda internacional impulsada por la organización, comprometiendo su papel y relevancia en escenarios de conflicto y crisis.

La advertencia del secretario general subraya riesgos inmediatos y la necesidad de compromisos renovados por parte de los Estados miembros, bien sea a través del pago de cuotas pendientes o de una actualización profunda de los mecanismos de contribución financiera.

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