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Los constantes ataques contra instalaciones energéticas rusas comienzan a afectar el suministro, aunque el Kremlin asegura que la situación permanece bajo control.

El presidente de Rusia, Vladímir Putin, reconoció que el país enfrenta una escasez parcial de combustible como consecuencia de los continuos ataques lanzados por Ucrania contra la infraestructura energética rusa, una estrategia que busca debilitar la capacidad económica y militar del Kremlin.

Durante una entrevista difundida por el gobierno ruso, el mandatario señaló que los bombardeos han provocado afectaciones en diversas instalaciones críticas, aunque insistió en que el desabasto “no es crítico” y que las autoridades trabajan para garantizar el suministro en las regiones más afectadas.

Putin admitió que la prioridad de su administración será fortalecer los sistemas de defensa aérea y proteger la infraestructura energética, especialmente en la península de Crimea, territorio anexado por Rusia en 2014 y que en los últimos días ha sufrido una intensa oleada de ataques con drones y misiles ucranianos.

La situación obligó a las autoridades locales a declarar el estado de emergencia en Crimea, donde se suspendió temporalmente la venta de combustible a particulares y se implementaron cortes programados de electricidad para preservar el suministro.

El presidente ruso también habló sobre el estancamiento de las negociaciones para poner fin a la guerra, conflicto que ya supera los cuatro años. Indicó que espera retomar el diálogo con representantes de Estados Unidos una vez que Washington concluya las gestiones relacionadas con la crisis entre Irán e Israel en Oriente Medio.

Mientras tanto, Ucrania mantiene su estrategia de atacar refinerías, depósitos y centros de distribución de hidrocarburos con el objetivo de reducir los recursos que financian la ofensiva militar rusa, incrementando la presión sobre la infraestructura energética del país.

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