Bruselas advierte sobre escenarios de escasez, aunque asegura que por ahora el suministro energético de la Unión Europea está garantizado.
La Unión Europea encendió las alertas ante el riesgo de una nueva crisis energética global derivada de la inestabilidad en Medio Oriente y el impacto que podría generar el cierre prolongado del estrecho de Ormuz.
El comisario europeo de Energía, Dan Jorgensen, advirtió que el mundo podría enfrentar “la crisis energética más grave de la historia” si persisten las tensiones internacionales, aunque aclaró que actualmente no existen problemas de abastecimiento en los países miembros.
Bruselas trabaja en escenarios preventivos ante una posible reducción del suministro, especialmente de combustibles como el queroseno, y busca fortalecer la seguridad energética del bloque ante la volatilidad de los mercados.
Jorgensen señaló que la dependencia energética representa no solo un desafío económico, sino también una vulnerabilidad estratégica para Europa, por lo que llamó a reforzar la diversificación de fuentes de energía y acelerar las inversiones en infraestructura.
La Unión Europea ha destinado más de 30 mil millones de euros adicionales a la importación de combustibles fósiles, mientras intenta reducir su exposición a factores externos mediante una mayor integración del mercado energético.
El funcionario europeo afirmó que, aunque la situación actual permanece bajo control, el conflicto demuestra la necesidad de avanzar hacia una transición energética más rápida y sostenible para proteger a los ciudadanos y reducir futuras amenazas al suministro.









