La primera ministra Sanae Takaichi defendió los principios no nucleares del país, pero pidió un enfoque realista ante el complejo escenario de seguridad internacional.
En el marco del 81 aniversario del bombardeo atómico de Hiroshima, Japón reiteró su compromiso con los Tres Principios No Nucleares, que establecen no poseer, producir ni permitir la introducción de armas nucleares en su territorio. Sin embargo, el gobierno también reconoció que el complejo contexto internacional ha reavivado el debate sobre la necesidad de fortalecer su estrategia de defensa ante las crecientes amenazas en la región.
Durante la ceremonia conmemorativa realizada en el Parque Conmemorativo de la Paz de Hiroshima, la primera ministra Sanae Takaichi afirmó que Japón, como el único país que ha sufrido ataques nucleares en tiempos de guerra, tiene la responsabilidad histórica y moral de encabezar los esfuerzos internacionales para promover el desarme y evitar que una tragedia similar vuelva a repetirse.
No obstante, la mandataria subrayó que el entorno de seguridad en Asia ha cambiado significativamente en los últimos años, por lo que consideró indispensable mantener un “enfoque realista” frente a los desafíos actuales. Entre ellos mencionó el fortalecimiento militar de China, el desarrollo del programa nuclear y de misiles de Corea del Norte, así como la creciente incertidumbre geopolítica en la región del Indo-Pacífico.
Estas declaraciones se producen en medio del proceso de revisión de los principales documentos de seguridad y defensa de Japón, una discusión que ha generado opiniones encontradas sobre el alcance futuro de los Tres Principios No Nucleares, adoptados tras la Segunda Guerra Mundial y considerados uno de los pilares de la política pacifista japonesa.
La ceremonia reunió a sobrevivientes de los bombardeos atómicos, conocidos como hibakusha, familiares de las víctimas, representantes diplomáticos de más de un centenar de países y organismos internacionales. Como cada año, a las 8:15 horas, momento exacto en que explotó la bomba atómica el 6 de agosto de 1945, se guardó un minuto de silencio en memoria de las aproximadamente 140 mil personas que perdieron la vida como consecuencia directa o indirecta del ataque.
Durante el acto, el alcalde de Hiroshima, Kazumi Matsui, hizo un llamado a la comunidad internacional para no normalizar el uso de la fuerza ni minimizar el poder destructivo de las armas nucleares. Advirtió que la creciente tensión internacional y la modernización de arsenales atómicos elevan el riesgo de que el mundo vuelva a enfrentar una tragedia similar a la ocurrida en Hiroshima y, tres días después, en Nagasaki.
Por su parte, el secretario general de la ONU, António Guterres, reiteró que el legado de Hiroshima debe servir como un recordatorio permanente de las consecuencias humanitarias de la guerra nuclear y llamó a redoblar los esfuerzos diplomáticos para avanzar hacia un mundo libre de este tipo de armamento.
La conmemoración también estuvo marcada por la ausencia del embajador de Estados Unidos en Japón, George Glass, quien no asistió al evento y fue representado por un funcionario de menor rango de la embajada estadounidense, hecho que llamó la atención debido al simbolismo histórico que representa la ceremonia.
Cada año, Hiroshima se convierte en un punto de encuentro para promover la paz y el desarme nuclear, en un contexto internacional en el que diversas potencias continúan modernizando sus arsenales atómicos y donde los llamados de la comunidad internacional para reducir el riesgo de un conflicto nuclear cobran cada vez mayor relevancia.









