Nuevos gravámenes de Estados Unidos afectarían productos canadienses por unos 20 mil millones de dólares y complican las negociaciones del T-MEC.
El gobierno del presidente Donald Trump se prepara para imponer nuevos aranceles a productos procedentes de Canadá, una medida que amenaza con incrementar las tensiones comerciales entre ambos países y generar presiones adicionales para empresas y trabajadores de sectores vinculados al comercio bilateral.
Los nuevos gravámenes entrarían en vigor este miércoles y alcanzarían importaciones por aproximadamente 20 mil millones de dólares, cifra equivalente a alrededor de 5.2 por ciento de las mercancías que Estados Unidos compró a Canadá durante 2025.
Entre las actividades que podrían resentir el impacto se encuentran las industrias mueblera, textil, láctea y vitivinícola, además de fabricantes y proveedores de materiales utilizados en la construcción, sectores que mantienen una importante relación comercial con el mercado estadounidense.
Uno de los principales puntos de preocupación para Ottawa es que, a diferencia de medidas arancelarias aplicadas anteriormente, los nuevos gravámenes podrían alcanzar incluso a productos que cumplen con los requisitos establecidos para recibir un trato preferencial bajo el Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC).
La posibilidad de que mercancías amparadas por el acuerdo comercial sean afectadas añade un nuevo elemento de incertidumbre para las empresas canadienses, debido a que podría modificar los costos de operación, las cadenas de suministro y las condiciones de competencia en el mercado estadounidense.
Ante la proximidad de la entrada en vigor de los aranceles, el ministro canadiense de Comercio, Dominic LeBlanc, y la negociadora Janice Charette intensificaron las conversaciones con funcionarios de Estados Unidos con el propósito de alcanzar un entendimiento que permita contener las nuevas medidas.
Sin embargo, las negociaciones avanzan en un escenario complicado. Las posiciones de ambos gobiernos continúan alejadas y, hasta el momento, no existe un borrador de acuerdo comercial que permita garantizar una solución antes de que comiencen a aplicarse los nuevos gravámenes.
El sector empresarial canadiense también ha expresado preocupación por las posibles consecuencias de la disputa. Compañías de distintas ramas han advertido que un aumento de los costos para ingresar al mercado estadounidense podría reducir su competitividad, afectar inversiones y provocar pérdidas de empleos en actividades que ya enfrentan dificultades.
Para Canadá, Estados Unidos representa su principal socio comercial, por lo que cualquier modificación a las condiciones de acceso al mercado estadounidense puede tener repercusiones importantes sobre la economía canadiense y las cadenas productivas que mantienen ambos países.
Ottawa busca así mantener abiertas las negociaciones y evitar que el conflicto arancelario se extienda a más productos y sectores, mientras el gobierno de Trump mantiene su estrategia de utilizar los aranceles como instrumento de presión en sus relaciones comerciales.
La nueva disputa ocurre además en un contexto de incertidumbre para América del Norte, donde las decisiones de Washington en materia comercial generan presión sobre las empresas y obligan a los gobiernos de la región a evaluar alternativas para proteger sus exportaciones y mantener la estabilidad de las cadenas de suministro.








