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El análisis de Copernicus revela que las olas de calor elevaron la contaminación por ozono troposférico, con Asia como la región más afectada.

Alrededor del 40% de la población mundial estuvo expuesta durante 2026 a niveles nocivos de ozono troposférico, de acuerdo con un nuevo análisis del Servicio de Vigilancia Atmosférica de Copernicus (CAMS).

El estudio “Atmosphere Watch” combina información procedente de satélites, estaciones terrestres y sistemas de predicción para analizar la evolución de la contaminación atmosférica. Sus resultados muestran que las olas de calor registradas durante los primeros ocho meses del año favorecieron la formación de concentraciones elevadas de ozono, especialmente en el hemisferio norte.

A diferencia del ozono presente en las capas altas de la atmósfera, que protege a la Tierra de la radiación ultravioleta, el ozono troposférico es un contaminante que se forma cuando determinados compuestos reaccionan bajo la luz solar y temperaturas elevadas.

Asia concentró los mayores niveles de exposición. El calor extremo y las condiciones atmosféricas favorables para la formación del contaminante provocaron que millones de personas respiraran aire con concentraciones superiores a las recomendadas.

Europa también enfrentó una situación preocupante: alrededor de la mitad de su población estuvo expuesta a niveles inadecuados de ozono, pese a los avances que el continente ha registrado durante las últimas décadas en la reducción de algunos contaminantes. Las recurrentes olas de calor han dificultado la disminución de los niveles de ozono.

En contraste, Sudamérica presentó condiciones relativamente favorables. Según el análisis, 81% de su población estuvo expuesta a niveles considerados buenos o aceptables.

Copernicus advierte que el problema no respeta fronteras: el ozono y otros contaminantes pueden desplazarse grandes distancias, mientras que incendios forestales, emisiones industriales y polvo desértico contribuyen al deterioro de la calidad del aire en regiones alejadas de su punto de origen.

La directora del CAMS, Laurence Rouil, destacó que la contaminación atmosférica refleja la estrecha relación entre calidad del aire, cambio climático, salud humana y ecosistemas.

El informe señala así otro efecto de los episodios de calor extremo: además de elevar las temperaturas y aumentar el riesgo de incendios, estas condiciones pueden favorecer la formación de contaminantes que afectan directamente al aire que respira la población.

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