Añade que el desarrollo está directamente vinculado a la estabilidad global, mientras que los derechos humanos son inseparables de los otros dos pilares, especialmente en contextos de conflicto armado.
El diplomático argentino Rafael Grossi, director general del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) y candidato a secretario general de la ONU, cree que la organización necesita ser más pragmática y confía en su visión de 360 grados sobre los grandes desafíos globales para suceder a António Guterres a finales de este año.
Grossi sostiene que el próximo jefe de la ONU debe adoptar un pragmatismo no amoral, pero orientado a resultados y a la resolución de crisis, y que él recuperaría la idea de Naciones Unidas como un espacio de construcción de puentes y no de confrontación entre bloques.
“La ONU no está para debatir principios de forma abstracta, sino para resolver problemas concretos”, insiste Grossi tras presentar esta semana su candidatura en la sede del organismo en Nueva York.
Subraya que no se trata de elegir entre principios o eficacia, sino de demostrar que los principios solo sobreviven si son eficaces.
La ONU no puede ser una panacea, porque no lo será, no tiene una solución mágica para todos los problemas que afectan al planeta, pero sí puede ser un actor capaz de modificar la realidad en el buen sentido, asevera.
Grossi vincula las dificultades financieras de la organización a esa pérdida de confianza. En su opinión, existe una creciente percepción de dispersión», con «múltiples frentes abiertos que han debilitado su eficacia.
Para ello, cree necesario recuperar las prioridades originales de la Carta de Naciones Unidas, en la que la paz y la seguridad internacional deben ser el eje central del sistema.
Añade que el desarrollo está directamente vinculado a la estabilidad global, mientras que los derechos humanos son inseparables de los otros dos pilares, especialmente en contextos de conflicto armado.
Sobre una hipotética reforma del Consejo de Seguridad, el diplomático argentino reconoce que es un debate complejo, de largo recorrido» en el que el secretario general tiene «un papel limitado.
Grossi compite con la chilena Michelle Bachelet, la costarricense Rebeca Grynspan y el senegalés Macky Sall, en un proceso en el que numerosas voces han reclamado que la próxima persona al frente de la ONU sea una mujer.
Grossi, con más de 30 años de experiencia diplomática a sus espaldas, afirma que Irán no quiere verse en una situación de aislamiento internacional comparable a la de otros países que se retiraron del Tratado de No Proliferación Nuclear, como Corea del Norte, y concluye que en realidad, a ninguna de las partes le interesa una escalada del conflicto.









