Las pandillas han evolucionado de la extorsión al narcotráfico, fortaleciendo su estructura financiera y operativa.
Las principales pandillas que operan en Guatemala han ampliado su alcance criminal y ahora participan de forma directa en el narcotráfico, además de la tradicional extorsión, advirtió el director de la Policía Nacional Civil, David Custodio Boteo.
El funcionario explicó que estructuras como la “Mara Salvatrucha” y “Barrio 18” han pasado del narcomenudeo al control y distribución de drogas a mayor escala, incluyendo cocaína y marihuana, lo que ha fortalecido significativamente su capacidad financiera.
Según detalló, estas organizaciones operan bajo una jerarquía estricta en la que las órdenes provienen de los mandos superiores o “clicas”, lo que permite mantener control territorial y operativo en distintas regiones del país.
El incremento de recursos ha permitido a las pandillas adquirir armamento, vehículos, equipos de comunicación y sistemas de vigilancia, lo que ha elevado su capacidad logística y de reacción frente a las autoridades.
Boteo señaló que las fuerzas de seguridad han respondido con estrategias integrales que incluyen operativos conjuntos, estados de excepción en zonas de alto riesgo y programas de prevención en escuelas para evitar el reclutamiento de menores.
Entre estas acciones destaca la iniciativa “Escuelas Seguras”, así como el despliegue de fuerzas combinadas entre policía y ejército para recuperar el control de espacios públicos y rutas de transporte.
El jefe policial también informó que se ha incrementado el decomiso de armas y droga en más de un 30% en lo que va de 2026, como parte de los esfuerzos por debilitar las finanzas de estos grupos.
Sin embargo, advirtió que uno de los principales retos sigue siendo el sistema judicial, ya que muchos detenidos recuperan su libertad en poco tiempo debido a fallos legales o medidas sustitutivas, lo que debilita el impacto de las capturas.
Boteo insistió en la necesidad de fortalecer la coordinación institucional para evitar que los esfuerzos policiales se vean limitados por la reincidencia delictiva.









