La Casa Blanca endureció las restricciones contra productos canadienses tras la entrada en vigor de aranceles de represalia por 20 mil millones de dólares..
La disputa comercial entre Estados Unidos y Canadá escaló este martes luego de que la Casa Blanca anunciara la prohibición de importar productos lácteos, la mayoría de las bebidas alcohólicas y motocicletas procedentes de territorio canadiense. Las nuevas restricciones entrarán en vigor dentro de tres semanas y representan una nueva fase de tensión entre dos de los principales socios comerciales de América del Norte.
La decisión de Washington se produjo horas después de que Canadá activara aranceles de represalia por alrededor de 20 mil millones de dólares, con tasas de entre 15 y 50 por ciento sobre cientos de productos estadounidenses, entre ellos acero, aluminio, queso, electrodomésticos, ropa, cosméticos y equipo agrícola.
Además, el presidente Donald Trump ordenó a la Administración de Servicios Generales de Estados Unidos declarar a los productos canadienses como no elegibles para contratos gubernamentales de largo plazo, hasta que Ottawa otorgue lo que la Casa Blanca considera una “reciprocidad plena y justa” para los bienes estadounidenses.
El primer ministro canadiense, Mark Carney, respondió que su gobierno acelerará los esfuerzos para disminuir la dependencia económica de Estados Unidos. Aunque reconoció que el conflicto tendrá efectos negativos en el corto plazo, sostuvo que también representa una oportunidad para fortalecer la producción nacional, atraer inversiones y diversificar los mercados de exportación.
La relación bilateral se ha deteriorado rápidamente durante la administración Trump, después de décadas de estrecha cooperación económica. A las medidas arancelarias se han sumado declaraciones del mandatario estadounidense sobre la posibilidad de que Canadá se convierta en el estado número 51 de Estados Unidos, planteamiento rechazado de manera reiterada por Ottawa.
Ante el nuevo escenario, Canadá busca fortalecer sus vínculos comerciales con Europa y otros mercados. Más de 70 por ciento de sus exportaciones todavía tienen como destino Estados Unidos, por lo que Carney ha advertido que el país debe dejar atrás la dependencia de un solo socio comercial.
En este contexto, Ottawa analiza incluso un acercamiento más profundo con la Unión Europea, mientras Carney tiene previsto viajar próximamente a Francia para participar en actividades con instituciones europeas.
Dentro de Canadá también ha aumentado el rechazo a las medidas estadounidenses. Los consumidores han reducido sus viajes a Estados Unidos y han impulsado boicots contra productos estadounidenses. En Columbia Británica, el primer ministro provincial, David Eby, anunció incluso nuevos mensajes en los cruces fronterizos para dejar claro que la provincia “nunca será el 51er estado”.
Por ahora, las negociaciones formales entre ambos gobiernos permanecen suspendidas, aunque funcionarios de las dos naciones mantienen comunicación. El conflicto abre un escenario de incertidumbre para una relación económica históricamente estrecha y pone a prueba la capacidad de Canadá para resistir la presión comercial de Washington sin ceder en sus intereses económicos y soberanos.









