La OMM advierte que 2025 estuvo entre los años más secos para los caudales de los ríos en 35 años, mientras los glaciares acumularon su cuarto año consecutivo de pérdidas.
La Organización Meteorológica Mundial (OMM) encendió las alertas sobre la situación de los recursos hídricos del planeta. Su informe sobre el estado de los recursos hídricos mundiales señala que 2025 estuvo entre los años con menores caudales de los ríos en las últimas tres décadas y confirma una tendencia de deterioro de las reservas de agua dulce.
De acuerdo con el organismo de Naciones Unidas, más de 36% de la superficie de las cuencas del mundo registró niveles de agua inferiores a lo normal durante el año pasado. El fenómeno se suma a una creciente irregularidad del ciclo hidrológico, caracterizada por la alternancia entre sequías prolongadas e inundaciones.
Para Sudamérica, la OMM identificó condiciones particularmente relevantes en la cuenca del Río de la Plata, que registró caudales bajos de manera recurrente entre 2021 y 2025, aunque en el último año presentó una recuperación parcial. También se detectaron déficits persistentes de almacenamiento de agua en la Patagonia y los Andes subtropicales.
Los ríos atraviesan uno de sus periodos más secos.
Más de un tercio de las cuencas mundiales presentó caudales por debajo de lo normal en 2025. Los déficits abarcaron regiones de América del Norte, Sudamérica, Europa oriental, Oriente Medio, Asia central y África. En contraste, algunas zonas del sur y sudeste asiático registraron caudales superiores a sus valores habituales.
Las condiciones normales son cada vez menos frecuentes.
Durante los últimos siete años, solamente entre 34% y 38% de las cuencas mantuvo condiciones consideradas normales, frente a un promedio de 46% entre 1991 y 2020. Para la OMM, esto refleja una mayor irregularidad del ciclo del agua y una sucesión más frecuente de extremos hidrológicos.
Las reservas de agua terrestre siguen disminuyendo.
El almacenamiento que comprende aguas subterráneas, lagos, ríos, suelo, vegetación, hielo y nieve mantiene una tendencia negativa desde mediados de la década de 2010. Entre las regiones con anomalías persistentes figuran la Patagonia, los Andes subtropicales, Oriente Medio, Asia central y algunas zonas de América del Norte y África.
Los glaciares perdieron masa por cuarto año consecutivo.
Durante 2025, los glaciares perdieron alrededor de 408 gigatoneladas de masa, equivalente a una contribución estimada de 1.1 milímetros al aumento del nivel medio del mar. Entre 2023 y 2025, la pérdida acumulada alcanzó unas mil 400 gigatoneladas de agua.
El retroceso de los glaciares representa un doble riesgo: en el corto plazo puede incrementar determinados peligros relacionados con inundaciones, mientras que a futuro reduce una reserva fundamental de agua para las poblaciones que dependen del deshielo.
Asia y África concentran gran parte de los desastres relacionados con el agua.
Ambos continentes concentraron al menos la mitad de los fenómenos extremos vinculados al agua registrados durante los últimos cinco años y más de 80% de las muertes asociadas que fueron notificadas. En 2025, ciclones y un monzón intenso provocaron miles de muertes en países del sur y sudeste asiático, mientras diversas naciones africanas enfrentaron inundaciones recurrentes.
Aún faltan datos en algunas de las regiones más vulnerables.
Aunque la OMM amplió su evaluación de tres variables hidrológicas en 2021 a 15 indicadores en su informe más reciente, persisten importantes vacíos de información, particularmente en África y Asia.
El organismo advierte que contar con mediciones más completas resulta fundamental para anticipar sequías, inundaciones y otros fenómenos extremos, especialmente cuando las cuencas y los sistemas glaciares atraviesan las fronteras de varios países.
La secretaria general de la OMM, Celeste Saulo, señaló que durante décadas las aguas subterráneas, los glaciares y la nieve estacional funcionaron como reservas naturales durante los periodos secos. Sin embargo, el informe advierte que estas reservas están disminuyendo precisamente cuando aumentan los episodios extremos relacionados con el agua.
El diagnóstico plantea así un escenario global en el que no sólo preocupa la cantidad de agua disponible, sino también la capacidad de los sistemas naturales para almacenar y suministrar este recurso en el futuro.








