Hacienda reporta superávit y deuda estable, mientras la economía avanza apenas 0.1% y la inversión retrocede
Aunque la Secretaría de Hacienda y Crédito Público destacó la solidez de las finanzas públicas en el primer trimestre de 2026, los indicadores económicos reflejan un panorama de claroscuros: estabilidad fiscal por un lado, pero crecimiento prácticamente nulo y debilidad en la inversión por el otro.
La economía mexicana registró un crecimiento anual de apenas 0.1%, en un entorno internacional complejo marcado por tensiones comerciales y presiones inflacionarias. El dato confirma una desaceleración significativa frente a años previos y evidencia la fragilidad del dinamismo económico interno.
El contraste es evidente: mientras el balance primario alcanzó un superávit de 98 mil millones de pesos —superior a lo previsto— y la deuda pública se mantuvo en 50.4% del PIB, la actividad productiva mostró señales de estancamiento, particularmente en los sectores más vinculados al comercio global.
Las actividades secundarias, clave para la industria, registraron una contracción de 1.3%, afectadas por la incertidumbre comercial y la desaceleración de las cadenas de suministro. A ello se suma una caída de 3.3% en la inversión fija, un indicador que suele anticipar el desempeño económico futuro y que refleja cautela por parte del sector privado.
Si bien el consumo privado creció 1.5%, este avance estuvo impulsado principalmente por bienes importados, lo que limita su impacto en el fortalecimiento del mercado interno. En contraste, el consumo de bienes nacionales mostró una moderación.
En el frente fiscal, Hacienda presume resultados positivos: la recaudación del IEPS creció 19.4% y superó lo programado, mientras que los ingresos no tributarios también mostraron un comportamiento favorable. Sin embargo, el ISR registró una caída real de 4.1%, lo que podría interpretarse como un menor dinamismo en las utilidades empresariales.
El gasto público mantuvo su orientación social, con incrementos en salud, educación y protección social, lo que contribuye a sostener el consumo y mitigar los efectos de la desaceleración. No obstante, este impulso no ha sido suficiente para detonar un crecimiento más robusto.
En el ámbito externo, las exportaciones crecieron 17.9%, impulsadas por manufacturas no automotrices, lo que refleja un aprovechamiento del T-MEC; sin embargo, este dinamismo no se ha traducido en una expansión generalizada de la economía.
El mercado laboral se mantiene como uno de los puntos más sólidos, con la creación de 584 mil empleos y una tasa de desempleo de 2.6%. Aun así, persisten retos en materia de calidad del empleo y productividad.
En cuanto a la inflación, se ubicó en 4.1%, con presiones en productos agropecuarios, mientras que el Banco de México redujo su tasa de interés a 6.75%, en un intento por estimular la actividad económica.
El reporte también subraya que la deuda pública se mantiene en niveles sostenibles y que el país conserva el grado de inversión, lo que brinda estabilidad macroeconómica y acceso a financiamiento internacional en condiciones favorables.
Sin embargo, el balance general apunta a una economía que, si bien mantiene fundamentos fiscales sólidos, enfrenta desafíos importantes para recuperar un ritmo de crecimiento más dinámico, especialmente en un contexto global incierto.
El reto para los próximos meses será traducir la estabilidad macroeconómica en crecimiento efectivo, inversión productiva y generación de valor interno, evitando que la disciplina fiscal conviva con una economía estancada.









