Más del 60% del país quedó o quedará sin electricidad en medio de una crisis energética que se agrava y golpea la vida cotidiana.
Cuba enfrenta una de las jornadas más críticas de su sistema eléctrico en años recientes, con afectaciones que alcanzan hasta el 62% del territorio durante los picos de mayor demanda, de acuerdo con reportes de la Unión Eléctrica (UNE).
La crisis energética, que se ha intensificado de forma sostenida desde 2024 y se mantiene en 2026, ha provocado apagones masivos, colapsos regionales y una creciente inestabilidad en el suministro eléctrico en todo el país.
Para esta jornada, la UNE estima una generación cercana a los 1.200 megavatios frente a una demanda que supera los 3.000 MW, lo que deja un déficit cercano a los 1.900 MW. Esta brecha obliga a realizar cortes programados en amplias zonas para evitar fallas totales del sistema.
El sistema eléctrico cubano opera bajo fuerte presión debido a la salida de servicio de varias unidades termoeléctricas, afectadas por averías, mantenimiento prolongado y envejecimiento estructural. Diversos reportes técnicos han señalado que buena parte de las plantas del país supera décadas de explotación sin inversiones suficientes para su modernización.
A esta situación se suma la escasez de combustible, que mantiene paralizadas plantas de generación distribuida, motores diésel y unidades flotantes, lo que reduce aún más la capacidad de respuesta del sistema energético nacional.
En conjunto, cerca del 40% de la generación depende de combustibles fósiles, mientras que el resto se complementa con fuentes limitadas como gas y energías renovables, cuyo crecimiento aún no compensa el déficit estructural.
El Gobierno cubano atribuye parte de la crisis a las restricciones energéticas y financieras derivadas de las sanciones de Estados Unidos, mientras que analistas independientes apuntan también al deterioro de la infraestructura, la falta de inversión y problemas de gestión interna.
El impacto ha sido profundo en la economía, que atraviesa una contracción sostenida y enfrenta uno de sus peores escenarios en décadas, con caídas acumuladas del Producto Interno Bruto y proyecciones negativas para el corto plazo.
Los apagones prolongados también han detonado un creciente malestar social, con protestas aisladas en distintas ciudades, especialmente en La Habana, donde los cortes de energía han llegado a extenderse por más de 20 horas al día en algunos periodos recientes.









