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El gobierno de Mark Carney explora una nueva relación con el bloque europeo ante el deterioro comercial con Estados Unidos.

Canadá analiza estrechar de manera significativa sus vínculos con la Unión Europea e incluso estudia la posibilidad de convertirse en un futuro “miembro asociado” del bloque, de acuerdo con información publicada por The Wall Street Journal.

La propuesta, que aún se encuentra en estudio, contemplaría un nuevo esquema de relación entre Ottawa y Bruselas, mientras ambos actores buscan fortalecer sus vínculos comerciales y estratégicos. La iniciativa cobra especial relevancia ante el deterioro de las relaciones entre Canadá y Estados Unidos y la guerra comercial impulsada durante el gobierno de Donald Trump.

Entre las opciones que analizan Canadá y la UE se encuentra facilitar la circulación de bienes, servicios y trabajadores vinculados con sectores estratégicos como energía, inteligencia artificial, defensa y minerales críticos. También se estudian proyectos conjuntos en infraestructura tecnológica y energética.

Según el diario estadounidense, las conversaciones incluyen la construcción de cables submarinos, centros de datos, sistemas de almacenamiento en la nube y nuevas redes de satélites, además de infraestructura para facilitar el transporte de energía canadiense hacia Europa.

El primer ministro canadiense, Mark Carney, también habría dialogado con dirigentes europeos sobre la posibilidad de facilitar que ciudadanos canadienses puedan vivir y trabajar en territorio de la UE sin necesidad de visado. En este contexto, Carney se reunirá el próximo 20 de septiembre con el presidente francés, Emmanuel Macron, en San Pedro y Miquelón, en lo que será la primera visita oficial de un primer ministro canadiense a ese territorio francés frente a la costa canadiense.

Sin embargo, el acercamiento no estaría exento de obstáculos. El antecedente del acuerdo comercial entre Canadá y la UE muestra las dificultades para concretar una mayor integración: pese a que fue alcanzado hace más de una década y entró provisionalmente en vigor hace nueve años, varios países europeos todavía no lo han ratificado.

El eventual estatus de “miembro asociado” representaría así un giro importante en la estrategia internacional de Ottawa, que busca diversificar sus alianzas frente a la creciente incertidumbre en su relación económica con Washington.

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