El Gobierno británico autorizó la extracción en el yacimiento Jackdaw, que podría cubrir hasta el 6% de la demanda nacional de gas.
El Gobierno del Reino Unido aprobó el inicio de la extracción de gas en el yacimiento Jackdaw, ubicado en el mar del Norte, una decisión que busca reforzar el suministro energético y proteger empleos ante el aumento de los precios. El proyecto, operado por Adura —empresa conjunta de Shell y Equinor—, podría comenzar a abastecer hogares británicos a finales de octubre.
Situado a unos 241 kilómetros de la costa de Aberdeen, en Escocia, Jackdaw cuenta con infraestructura construida desde hace años y tiene capacidad para cubrir hasta el 6% de la demanda de gas del país cuando alcance su máxima producción, de acuerdo con estimaciones de expertos.
La autorización representa un desafío político para el Partido Laborista, que antes de llegar al poder en 2024 prometió no conceder nuevos permisos de perforación en el mar del Norte. Sin embargo, Jackdaw obtuvo su licencia en junio de 2022, durante el anterior gobierno conservador, al igual que el yacimiento petrolífero Rosebank, cuya autorización sigue pendiente de una decisión por separado.

El primer ministro británico, Andy Burnham, defendió la medida al señalar que permitirá proteger cientos de empleos y contribuir al suministro energético de millones de hogares. También sostuvo que la explotación no impedirá cumplir los objetivos ambientales del Gobierno, incluido el compromiso de alcanzar cero emisiones netas para 2050.
La decisión provocó reacciones a favor y en contra. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, celebró el anuncio en su plataforma Truth Social y lo calificó como una buena noticia para la economía británica y la región de Aberdeen. Además, aprovechó para criticar la energía eólica y pedir que el país elimine los aerogeneradores que considera costosos.
La explotación de Jackdaw reaviva el debate sobre cómo equilibrar la seguridad energética, el empleo y los compromisos climáticos. Mientras el Gobierno apuesta por aprovechar las reservas nacionales de gas, sus críticos mantienen la preocupación por el impacto ambiental de prolongar la dependencia de los combustibles fósiles.








