El temor se debe principalmente a los estrechos vínculos de la compañía con los servicios de inteligencia y defensa estadounidenses.
Submarinos furtivos equipados con láseres espaciales, sabotaje en la cadena de suministro y satélites de ataque a medida con propulsores iónicos.
Estas son solo algunas de las estrategias que científicos chinos han estado desarrollando para contrarrestar lo que Pekín considera una potente amenaza: la armada de satélites de comunicaciones Starlink de Elon Musk.
Científicos del gobierno y el ejército chinos, preocupados por el posible uso de Starlink por parte de adversarios en una confrontación militar y para espionaje, han publicado docenas de artículos en revistas públicas que exploran maneras de rastrear y destruir los satélites de Musk, .
Investigadores chinos creen que Starlink, una vasta constelación de satélites de órbita baja que ofrece conectividad económica, rápida y ubicua incluso en zonas remotas representa un alto riesgo para el gobierno chino y sus intereses estratégicos.
Ese temor se debe principalmente a los estrechos vínculos de la compañía con los servicios de inteligencia y defensa estadounidenses, así como a su creciente presencia global.
Los investigadores chinos no son los únicos preocupados por Starlink, que tiene un control absoluto sobre ciertas comunicaciones espaciales.
Algunos aliados tradicionales de EE. UU. también cuestionan la conveniencia de ceder la infraestructura central de comunicaciones y un posible tesoro de datos a una empresa dirigida por un empresario extranjero impredecible cuyas alianzas no siempre están claras.
Las aprensiones se intensificaron después de que la invasión a gran escala de Ucrania por parte de Rusia en 2022 dejara claras las ventajas que los satélites Starlink podrían ofrecer en el campo de batalla, y se han visto exacerbadas por la proliferación de intereses políticos de Musk.
Musk invirtió decenas de millones de dólares en la campaña de reelección del presidente Donald Trump y emergió, temporalmente, como asesor clave y funcionario del gobierno.
Mientras Musk baraja la idea de fundar su propio partido político, también ha mostrado un creciente interés en la política europea, utilizando su influencia para promover a una serie de figuras de extrema derecha e insurgentes, a menudo enfrentadas con la clase política establecida.
El dominio espacial de Starlink ha desatado una lucha global por encontrar alternativas viables. Pero su aplastante ventaja de ser pionero le ha dado a SpaceX un poder casi monopólico, complicando aún más las corrientes de negocios, política y seguridad nacional que convergen en torno a Musk y sus empresas.









