La falta de lluvias agravó la emergencia humanitaria en el norte del país, poniendo a niños en riesgo por desnutrición.
La sequía que azota a Somalia se ha convertido en una nueva emergencia humanitaria que afecta ya a más de 2 millones de personas, principalmente en regiones del norte del país, alertó la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios de Naciones Unidas (OCHA).
La escasez de lluvias durante la temporada conocida como “Gu”, entre abril y junio, dejó severas afectaciones en zonas como Sanaag, Bari, Nugaal, Sool, Mudug y Togdheer, donde comunidades enteras enfrentan dificultades para acceder a agua potable y alimentos.
De acuerdo con la ONU, alrededor de 570 mil personas requieren ayuda urgente para obtener agua, mientras que cerca de 1.5 millones necesitan asistencia alimentaria debido al deterioro de las condiciones de vida.
La crisis también ha golpeado la infraestructura hidráulica del país. Al menos 94 pozos se encuentran fuera de servicio o funcionan parcialmente, mientras que 31 comunidades requieren nuevas fuentes de abastecimiento. En algunas zonas rurales, el precio del agua se ha incrementado hasta cuatro veces, dejando a miles de familias sin posibilidades de cubrir sus necesidades básicas.
El impacto más grave se refleja en la población infantil. La ONU estima que más de 400 mil niños padecen algún grado de desnutrición aguda, incluidos más de 97 mil casos considerados graves, situación que amenaza con aumentar si continúa la falta de alimentos y recursos.
Además, cerca de 300 centros de salud y nutrición redujeron o suspendieron sus actividades debido a la falta de suministros, personal y capacidad operativa. Los servicios de atención materna y reproductiva también enfrentan graves limitaciones, especialmente en comunidades nómadas.
La emergencia llegó incluso al sistema educativo, con más de 820 escuelas cerradas por la falta de condiciones adecuadas para continuar las clases.
Mientras Somalia enfrenta esta crisis, organizaciones humanitarias preparan acciones preventivas ante la posible llegada de fenómenos climáticos asociados a El Niño, que podrían generar inundaciones durante la temporada de lluvias prevista entre octubre y diciembre.









