El pontífice llamó a las principales religiones del mundo a rechazar la justificación religiosa de los conflictos armados y a colocar el diálogo y la paz por encima del poder.
El papa León XIV lanzó un enérgico llamado a favor de la paz y condenó el uso de la religión para justificar los conflictos armados, al asegurar que ninguna guerra puede librarse en nombre de Dios. El mensaje fue enviado mediante un videomensaje al foro internacional Paz desarmada y desarmante, celebrado en Asís, Italia.
“¡Debemos reconstruir la paz en todas partes, no preparar más guerras! ¡La guerra nunca puede librarse en nombre de Dios! No existe ninguna guerra santa: ¡solo la paz es santa!”, expresó el pontífice ante representantes de diversas tradiciones religiosas.
El encuentro, organizado por la Comunidad de Sant’Egidio, reunió a representantes católicos, judíos, musulmanes, budistas, cristianos ortodoxos, luteranos y sintoístas, además de especialistas en geopolítica, historiadores y dirigentes políticos. La reunión conmemora el 40 aniversario de la histórica jornada de oración por la paz convocada por Juan Pablo II.
León XIV no pudo asistir debido a las recomendaciones médicas posteriores a una intervención quirúrgica, por lo que optó por dirigirse a los participantes mediante una grabación. En su mensaje, lamentó su ausencia y destacó la importancia de demostrar que la convivencia entre personas de distintas creencias es posible.
El papa advirtió que, en un contexto internacional marcado por la confrontación y la búsqueda de poder, resulta indispensable rechazar cualquier intento de legitimar las guerras mediante argumentos religiosos. En su lugar, pidió promover la mediación, el diálogo y acciones concretas que permitan construir un futuro pacífico.
Asimismo, alertó sobre la creciente aceptación de la guerra como instrumento de política internacional, una tendencia que, sostuvo, representa una traición a la memoria del siglo XX y a los millones de vidas perdidas en los conflictos de aquella época.
Finalmente, León XIV exhortó a las comunidades religiosas a mantener la paz como objetivo común y defendió el valor de la oración frente a la violencia. También pidió dirigirla hacia quienes promueven las guerras y el terrorismo, al considerar que la fe puede contribuir a transformar los corazones y fomentar la reconciliación entre los pueblos.








