El crimen organizado, las disputas por rutas del narcotráfico y la expansión de economías ilegales mantienen altos niveles de homicidios en varios países.
América Latina y el Caribe concentran la mayoría de las ciudades con mayores índices de violencia a nivel mundial, de acuerdo con recientes mediciones internacionales que revelan el impacto del crimen organizado y las disputas territoriales.
Según el Consejo Ciudadano para la Seguridad Pública y la Justicia Penal, 41 de las 50 ciudades más violentas del mundo se encuentran en la región. En 2025, Puerto Príncipe, Haití, encabezó la lista con una tasa cercana a los 198 homicidios por cada 100 mil habitantes.
Países como México y Ecuador destacan por concentrar varias de las urbes con mayores niveles de violencia, impulsadas principalmente por enfrentamientos entre grupos criminales que buscan controlar rutas de tráfico de drogas y mercados ilegales.
Especialistas señalan que la fragmentación de organizaciones delictivas tras la captura o asesinato de sus líderes ha provocado nuevas disputas entre facciones, generando mayores niveles de violencia en distintas zonas.
Además del narcotráfico, actividades como la extorsión, el robo de combustible, la minería ilegal, los préstamos informales conocidos como “gota a gota” y el tráfico de metanfetaminas han ampliado el poder económico de los grupos criminales.
Expertos advierten que la expansión de redes internacionales delictivas ha permitido que múltiples organizaciones participen en diferentes etapas del negocio ilícito, desde la producción hasta la distribución final de drogas.
Otro fenómeno que preocupa a las autoridades es el aumento de desapariciones, debido a que dificulta conocer con precisión la dimensión real de los homicidios en varios países de la región.
Sin embargo, algunos análisis señalan una tendencia positiva: pese a los retos de seguridad, los homicidios muestran una reducción en ciertos países latinoamericanos. Entre las ciudades consideradas más seguras de la región aparecen Querétaro, Cuenca, Florianópolis, Ciudad de Panamá y Monterrey.
Especialistas coinciden en que para frenar la violencia será necesario atender las causas sociales que permiten el crecimiento del crimen organizado, como la falta de oportunidades para jóvenes, la desigualdad y la vulnerabilidad económica.









